Cuento de Navidad

-Ahí va el golpe, si no se quitan me los llevo-
Gritaba un señor de edad avanzada que empujaba un diablito con apenas una bolsa.
-Ya mero, la otra vez me le eche de frente a uno que traía hartos tomates y me lo llevé-
Le contestaba otro señor de la misma complexión que venía y se encontraba de frente con él.
Los mercados son un universo, cada nave una galaxia, cada puesto un mundo. Ya casi era el medio día de la víspera de navidad, todo mundo compraba lo último para la cena, el mismo señor del diablito les ordenaba hacer dos filas para organizar el tránsito de gente por los pasillos:
-Dos filas, una va y otra viene-
Lo que todos apurados ignoraban, arremetían contra bolsas y canastas con tal de salir rápido de la turba; tumbaban los montonsitos de chile, pateaban los rábanos y de vez en vez recorrían la manta de plástico de las vendedoras del piso.
No todo era desorden y ruido; en uno de los mundos, más bien un satélite itinerante, todo era discreción  y persistencia. Por las mesas del área de comida se paseaba un sujeto de apenas 1.20 de estatura y unos 11 años de edad; cargándose una red de cacahuates y ofreciéndolos a media voz con apenas ganas de vender. 
-Cómpreme cacahuates- 
Ofrecía sus bolsitas polvosas recargado en la mesa con un codo y con la cabeza de lado. Gracias, no, a la vuelta; el repertorio más sonado. No pasaba ni medio segundo cuando parecía que ya sabía la respuesta de las personas y seguía en su trajín silencioso. 
Al pasar por la mesa que departía Doña Olga, ella se mostró dudosa a la primer oferta del cacao de tierra; al ver al desorientado mercader fracasar en el siguiente intento, le llamó:
-¡Cacahuates ven! dame una bolsa, ¿Quieres una picadita?-
El pequeño asintió con sigilo, y Doña Olga casi como si el niño fuera una figurilla los sentó y le acerco una picada y una quesadilla de champiñones que tenía tanto epazote que las lombrices del cacahuaterito seguro no la libraron.
-¿Quieres agua o licuado?-
El comensal ni se inmutaba
-!Traigale un licuado¡-
Ya se notaba que batallaba al pasar la picada.
-Me da la cuenta y ahí le dejo a este niño comiendo, si no se la acaba se la ponen para llevar-
Ordenó la marchanta al ver que su convidado quien había botado la malla de cacahuates por un lado y que le volaban los pies de la silla, no tocaba ya su comida y estaba hipnotizado tomando su licuado.
-Canela, canela, 10 lleve su canela-
De entre unos huacales en las fruterías salía la voz infantil pero incesante de un vendedor invisible, al mirar más allá de lo evidente, otro mercader pueril ofrecía su venta. Un pequeño individuo con senda cubeta, blandiendo un rollito de canela en la mano y el asa de su cubeta en la otra.
-Acércate al paso Canelas, ahí ni te van a comprar-
Le dije, una cubeta de tejocotes en conserva mediante, le di un billete de 20 pesos y me dio dos rollitos de canela.
-Son para ti, tu navidad-
Devolví la canela y continué mi camino. 
Al volver a pasar por las picadas me hizo ilusión el poder volver a ver al de los cacahuates, preguntarle si le había gustado, de dónde era, cómo se llama; y al voltear a la mesa vi a un niño de la misma complexión, solo que este estaba con quien seguramente eran sus padres y tras soltar el aire me resigne a no saber nada más del cacahuatero.
Ya de salida a lo lejos veo lo que parecieran dos chaneques elucubrando alguna travesura, junto a ellos una malla de cacahuates y una cubeta con canela; en efecto, el cacahuatero y el canelas degustando lo que a mi parecer era la colación ofrecida por Doña Olga y una bolsita con licuado.

Entendí entonces que seguramente se percató igual que yo de que la quesadilla de champiñones tenía un exceso de epazote y espero a su compañero para curarlo de los bichos. :)

Mucho o poco, lo importante es compartir.

Feliz Navidad.

Lo qué fui yo de Cuba I



Dice Carlos Puebla que esos demonios de antes, esos que ganaban el ciento por ciento y echaban al pueblo a sufrir, pensaban seguir conspirando para seguirle explotando, y en eso llegó Fidel. También Silvio asegura que con un cañón del futuro le abrió paso al porvenir de la Isla, que entendió que hacer la revolución sería la paz del futuro. Y no se equivocaron. 

Tuve una infancia romántica, mis cuentos de niño eran tertulias revolucionarias; las hazañas de los barbudos de verde olivo eran mis historias de caballeros y dragones. Entendí que en algún lugar del mundo se habían encontrado hombres tan feroces como el tamaño de su corazón, y crecí dibujando en mi cabeza como sería la Cuba Revolucionaria.

Hasta hace poco tiempo tuve la oportunidad de conocer la mayor de las Antillas, me embarque en un viaje en solitario a descubrir la tierra prometida. Investigue cuanto pude acerca de los pormenores del viajero y decidí con poco tiempo partir. Hasta antes de salir del aeropuerto de La Habana todo parecía normal, llegué de noche por cierto, tomé un taxi con la previsión del regateo y me llevó al hostal donde establecería mi posada. 

Yo creo que había tenido en mi cabeza tan metida la iconografía del Che que la misma primer noche llegó al hostal un argentino, David con quien hicimos mancuerna para adentrarnos en la jungla Habanera. La primer mañana nos presentamos formalmente con Mirella y su familia quienes llevan el hostal, nos rezó las reglas del lugar y compartió con nosotros las precauciones naturales de un lugar turístico. En eso quisimos prender el google maps y otra aplicación que había descargado de mapas, y oh sorpresa, no funcionaban; el internet en cuba solo se ofrece a través de wifi con una tarjeta de prepago en sitios públicos. Mientras ojeábamos algunas guías y mapas que ofrecía Mirella en el hostal, David expresó “Boludo tenemos que regresar a los libros, a lo básico, buscate un mapa”.

Fuimos allá sin mapas, un viaje en el tiempo. Recorrimos por todo un día la Habana Vieja, primero escoltados por mi paisana Sussie y por Christian de el Salvador, moradores del hostal; luego ellos terminaban su travesía y nosotros seguimos por nuestra cuenta descifrando Centro Habana y la vida cotidiana de los locales. Más tarde nos encontramos a Hanói, cubano de mediana edad que hablaba hasta por los codos, recién salía de trabajar y se ofreció a guiarnos; hicimos cosas de turistas, fuimos a por huarapo, mojitos, habanos y cerveza. Nos invito a comer en un paladar (como se les llama a los restaurantes allí) una suerte de chuleta asada con arroz congri (arroz con frijol guisado en manteca) a esas horas de la tarde nos cayó de perlas. Cuando nos despediamos le pregunté si tenía hijos o si conocía a alguien a quien le gustaría recibir un balón de futbol que yo traía en mi maleta, se me hizo lo justo por haber sido invitado a comer, y me contesto que si y que le gustaría que yo lo entregara personalmente. Fuimos por el balón a bordo de un almendrón (coches antiguos que sirven de taxis) lo recogimos y nos dispusimos a ir a entregarlo, sin embargo, había un pequeño detalle, el balón no tenía aire y las válvulas no son un instrumento muy popular entre la gente en Cuba; recorrimos algunas cuadras en busca de una ponchera (un taller de reparación de neumáticos) ya ahí el señor que atendía el local no se como con un tubito improvisado infló el balón a la perfección. Nos fuimos a la casa de la madre de Cristopher, hijo de Hanói, vivía por el lugar. Hanói no dejaba de llorar pues decía que hace algunas semanas su hijo le había pedido el balón y no había encontrado forma de adquirirlo. Llegamos por fin a la casa, una posada matriarcal de cuatro generaciones, Entregamos el balón y nos sentamos a conversar con la Abuela, Madre y con las tías de Cristopher mientras nos tomábamos un café que luego se convirtió en ron mágicamente. Todo mundo contento, el niño ya haciendo los primeros desfiguros con la pelota, pero bien; entendí que tener las condiciones mínimas de vida, aunque ajustadas, no te hacen que se te olvide sonreír.

Por la noche se hacía una especie de ritual en el hostal, alrededor de las 8 de la noche se reunían los posaderos para hablar un poco de su cultura, planear salidas en conjunto o simplemente tomar un vaso de ron havana 3 años, que nunca faltaba quien portara para compartir. Mirella se sentaba a hacer cuentas, organizar los cuartos y llevar sus reservas al día, Hani su hijo miraba una televisión análoga, y Mima la abuela cuidaba de una de sus bisnietas. Entre uno y otro momento alguien les preguntaba cosas de la vida cotidiana, como la atención médica gratuita de la cual habían hecho uso en varias ocasiones por intervenciones complejas y comentaban que no les cobraban ni medio kilo (las monedas de centavo de C.U.C que valen muy poco). También que Hani, había practicado mas de tres deportes, sin que alguno le apasionara más que la televisión, pero que de los cuales todos los aditamentos como el Karategi o la manopla  de beisbol les generaban un costo oneroso, o el propio uniforme de la escuela que se adquiría a través de un bono escolar. En esos coloquios internacionales de comedor pude conocer personas muy entrañables como Kostas (GR) Ben (AU) Angelo (IT) Julian (DE) Fabian (DE) Tilman (DE) Anna (ES) Medhi (IR) Hadi (IR) Israel (CS) Paco (MX), personas que hacían el mismo viaje de descubrimiento, con quienes hace falta compartir un momento para saber que no eres el único loco en el mundo que valora más las experiencias que las pertenencias. 

Organizamos un viaje en grupo hacia un club en el vedado, una zona con menos necesidades de restauración que la Habana Vieja, fuimos en varios almendrones y ya en el lugar se impuso la supremacía latinoamericana a la hora de bailar. Ahí conocí a Marco y a Gary un par de primos cubanos celebrando el regreso de Gary desde Miami; me contaban que desde hacía una semana que había llegado el joven chef, su rutina diaria era jugar al xbox en el día y salir en la noche a encontrarse con sus amigos en la calle G, un lugar donde personas jóvenes con uniformes laborales, escolares o ropa casual se reunían cotidianamente, ahí entre sus amigos y amigas me mostraron una calidez sospechada, a reserva de que David opine lo contrario, sentíamos que conocíamos a esas personas desde hacía mucho tiempo atrás. Esa noche casi todos y por nuestra cuenta volvimos temprano al hostal, por cierto a pie en calles poco iluminadas y solitarias pero a salvo, pues al otro día se presentaban los Rolling Stones por primera vez en Cuba y había que llegar temprano a la Ciudad Deportiva para tener buena perspectiva del magno e histórico evento. Todo el mundo hablaba de eso, en las fiestas era el principal tema de conversación y la razón aparente de cualquier arribó a la Habana.


Casi al medio día escuche los gritos de Mima “¡Misa! ¡Gordito! ¡Ya te dejaron!”, quienes me conocen saben que soy aficionado al enredamiento de sabana y no había escuchado mi alarma, así que cuando me levante todo el hostal estaba vacío, todos habían tomado camino rumbo al concierto y me habían dejado, entonces cogí mi kit básico de supervivencia: mapa, lentes obscuros, libreta y teléfono(con telcel podía enviar y recibir sms y llamadas) por cierto recibí una llamada mientras iba en camino era…

7 tareas para jóvenes en campañas electorales

Tradicionalmente las y los jóvenes han sido utilizados como carne de cañón en campañas electorales, aquí presento algunas tareas que pueden ser una alternativa para las personas jóvenes interesadas en participar en política.



1. Idear


La base de una Campaña Política es el programa y la plataforma electoral, las ideas que ofrece el proyecto político al electorado; las personas jóvenes de alguna manera son un sector transversal de la población, pues en el ámbito de su desarrollo personal conviven con diferentes generaciones y esto hace posible entender las necesidades de diversos sectores. En el trabajo, la escuela, el barrio, el parque y en la propia familia; las y los jóvenes coexisten con un sin número de opiniones que le brindan las herramientas para plantear soluciones a los problemas que comparte la comunidad.

2. Planear



La naturaleza dinámica de este sector etario de la población le permite conocer no solo en el ámbito de la convivencia personal a las personas, sino que también hace posible la vinculación con su entorno de manera territorial; nadie conoce mejor los recovecos de su comunidad que una persona joven, los cuales tienen la posibilidad de mapear la composición geográfica de su entorno cual mapa de GTA, Zelda o Super Mario. 

Otro elemento importante es la sincronía generacional, son las y los que hacen que la moda sea lo propio. Entonces qué mejor perspectiva que la de una persona joven para tener una campaña política adecuada en el tiempo y en el espacio.

3. Producir



La misma visión y los elementos subjetivos del sector poblacional dominante en el tiempo, permite que las personas jóvenes puedan ofrecer campañas vanguardistas, que los iconos del proyecto político no parezcan sacados de un adorno de fiesta infantil de foamy. Quienes le han apostado a mentes y manos jóvenes, han logrado campañas exitosas tanto en lo visual como en todos los elementos representativos de sus proyectos políticos.

4. Coordinar



El reto más grande quizá es el de asumir un liderazgo frente a generaciones más grandes, a nuestros antecesores les ha costado mucho trabajo aceptar que es nuestra generación quien ha invertido la jerarquía temporal. Somos la primer generación que instruye (por lo menos tecnológicamente) a su generación pasada, que creamos grupos de trabajo horizontales y que cambiamos la concepción del liderazgo tradicional impositivo a un liderazgo propositivo e incluyente. 

5. Administrar


La especialización de las tareas en la política moderna ha creado nuevos espacios de responsabilidad, las reformas electorales enfocadas a la transparentación de los gastos de campañas y los nuevos medios de comunicación exigen habilidades propias de una generación formada en el ámbito de las competencias profesionales ampliadas, es decir, ya no basta con conocer de fiscalización y contabilidad, es necesario conocer las nuevas tecnologías: como fiscalizar la producción audiovisual, cómo se administra y cuanto cuesta el trabajo de los community managers o como se paga la publicidad en una red social, como se puede comunicar y coordinar un equipo de trabajo a través de whatsapp, hacer una encuesta grupal en telegram o llevar una videoconferencia en skype.

6. Representar



En el ámbito legal, los proyectos políticos y las candidaturas necesitan de un buró de representación legal, así como de una estructura electoral de representación distrital y geográfica; de personal capacitado en la materia para defender y en su caso denunciar actos que violenten la normativa jurídica. Cada vez más personas se preparan en estos temas desde temprana edad para apersonarse en nombre de su proyecto político y respaldar a las antiguas generaciones de juristas electorales. 

7. Ser candidatos



Por supuesto la que conlleva más responsabilidad, el ser receptáculo de las voces y la voluntad de tu comunidad, la Constitución Mexicana señala que a partir de los 21 años las personas ya se pueden postular como candidatos a Diputados, a los 25 al Senado y después de los 30 al Gobierno de alguna entidad. La composición de la pirámide poblacional en México hace posible apreciar el bono demográfico con el que contamos, existe una gran población joven en el país, superior a cualquier otro rango etario. Esto hace posible pensar que México debería de ver reflejada su composición demográfica en los espacios de representación popular, ser un país donde sus gobernantes hablan el mismo lenguaje que la mayoría de su población.


A lo sumo, ninguna tarea en campaña es desdeñable, sin embargo, el potencial de las y los jóvenes de México está ocioso si no se les empodera a través de responsabilidades políticas reales. 

Parlamento Juvenil del Estado de Guerrero: ¿qué fue?


Hace unas semanas se celebró el Parlamento Juvenil del Estado de Guerrero, el segundo del tipo que conozco en la entidad. Todos saben qué es un parlamento (juvenil), o tienen una noción primaria de lo que debería ser; se llega entacuchado, se ocupa el lugar de un legislador, se escuchan multitonales disertaciones, se toman increíbles fotografías y te llevas a casa un par de raspones políticos acompañados de un ramillete de nuevos y entrañables amigos y amigas. Si, déjenme decirles que pasa todo eso y es chidisimo pero pasan muchas cosas más.

Existe una fórmula infalible para generar un inercia transformadora, hasta inflamable; la cual es reunir voces jóvenes con convicciones firmes e interés en la participación política. La mejor analogía la aprendí de un parlamentarista, y es que estas reuniones son como un acelerador de partículas, que de lo que me enteré es que este dispositivo acelera las partículas y la propia interacción de estas permite vislumbrar nuevos elementos de análisis; así un parlamento juvenil, permite el desenvolvimiento de experiencias locales y su relación con otras expresiones permite descubrir coincidencias o diferencias que hacen posible encontrar soluciones comunes a los problemas compartidos. Así, este ejercicio suma a la construcción de la democracia; la participación política no termina, ni comienza en las urnas electorales; es a través de estas plataformas políticas donde se manifiesta el estado más puro de la democracia, en el debate y la construcción de acuerdos.

Se discutieron los temas tradicionales, los que se han hecho la necesidades más sentidas generación tras generación en México: empleo, educación, salud. También se visibilizaron otras vindicaciones de carácter étnico como el reconocimiento a los pueblos Afromexicanos; del entorno, como el desarrollo sostenible y la necesidad de una vida libre de violencia; políticos, como la inclusión en espacios de toma de decisiones, representación política y la transparentación de los procesos de formulación y evaluación de políticas públicas; y, parte del desarrollo integral de la juventud como el esparcimiento y el deporte. Me sorprendió la profundidad con que cada quien abordaba su tema y la garra con la que los defendían, pero sobre todo me sorprendió que nadie postuló demandas particulares ni de grupo, cuál isla de Nunca Jamás todos vieron por todos, se integró de múltiples voces un eco único, un llamado generacional.

Sin embargo, aunque de manera implícita era inevitable aventar un laminazo a los gobiernos, Foucault tuvo la razón en una de sus tesis acerca del Tabú del objeto, del ritual de la circunstancia, y del derecho exclusivo o privilegiado del sujeto que habla, en las prohibiciones del discurso ahí en las arenas movedizas que nadie quiere caer pero todos tenemos estamos hasta las rodillas, que a veces sirven para bien, pero la mayoría limitan el contenido y la intensidad del mensaje. Aunque no me gustaría que este pedacito de tiempo gastarán en una de mis cantinflescas explicaciones conceptuales, si quisiera que pusiéramos atención en cómo se cohibe la palabra, de lo que se puede y no se puede hablar, en dónde se puede hablar qué, y quiénes están autorizados para decir qué cosa. Es decir, en este ejercicio de parlamentarismo, algunas y algunos participantes se pusieron en los zapatos de los políticos viejos y repararon en señalar y apuntar que muchos de los problemas y necesidades que demandamos son obra de quienes ostentan el poder. 

Estoy contento por todo, porque es posible concentrar los esfuerzos de muchas personas en actividades sanadoras para la crisis que vive nuestro país, me hubiera encantado que las demandas centrales fueran titulares de la prensa, y no las fotos parte del álbum de la vanidad de las instituciones. Me encantaría que los participantes y quienes no pudieron participar, todo el año hicieran activismo sin miedo a ser chairitizado, aunque sea a ser revolucionarios de facebook, pero que hagan sonar su voz y sus ideas. 

A manera de colofón me gustaría compartir parte del discurso de clausura que no pude dictar como Presidente, porque esclavos del tiempo.

“Es complicado manifestar las alegrías, pues es el sentimiento más puro
y sería osado usar palabras sencillas para expresar tan grandes sensaciones;
no puede haber fiesta más grande para un demócrata que una palestra abierta
y nutrida de las más sensatas voces; un pueblo con ciudadanos que participan
en sus asuntos públicos debe de estar orgulloso pues se encuentra avanzando
hacia la consolidación de la democracia (…) ante las adversidades que se nos
presentan día con día a las y los guerrerenses, hoy estamos dando una muestra
de valor civil y de compromiso; es fácil dejar pasar el tiempo para sanar una 
herida pero es más sensato y honesto hacer algo por sanarla al momento, bien
y de buenas, y este día estamos abonando a sanar a nuestra entidad con convicción.

Gandhi decía que durante la tormenta los pájaros se ocultan, yo le agregaría que 
otros se mojan porque no tienen donde ocultarse o se dejan mojar porque se dan
por vencidos; también decía que las águilas vuelan más alto que las nubes para 
superar la tormenta, y creo que hoy somos todos y todas águilas que nos estamos
anteponiendo a la crisis de seguridad y gobernabilidad que vive no solo Guerrero
sino todo el país. Que hemos decidido abonar la construcción de un mejor lugar para
vivir y que tenemos la firme convicción de heredar a las futuras generaciones un
mundo en mejores condiciones de como lo encontramos.

Hoy gana Guerrero, las y los jóvenes le demostramos a la clase política que se 
pueden construir acuerdos más allá de las diferencias políticas, que seguiremos
haciendo patria desde nuestras trincheras, que Guerrero es uno porque Guerrero
somos todos y todas.”

“Alguien dispuesto a morder por no perder su empleo…”


Poco o nada sabemos de los que pasó la noche del 26 de septiembre de 2014 en la Ciudad de Iguala, Guerrero. Sabemos casi los mismo de la violencia de Estado que se ha ejercido sistemáticamente en México durante casi medio siglo; ya sea manifiesta en actos específicos como fue Acteal, Aguas Blancas, Tlatelolco, El Charco, Tlatlaya, Ostula, San Salvador Atenco, etc.; o de manera sistémica a través de decisiones u omisiones gubernamentales, de la postergación del rezago en las zonas más marginadas del país, la proliferación de la violencia criminal y todos y cada uno de los actos de corrupción que se realizan día con día en la función pública.

Lo que si sabemos es que los partidos políticos han usado una u otra tragedia para sacar raja política, creen inclinar la balanza electoral echándole al culpa al de enfrente llevando el nivel del debate a niveles circenses y nunca por la vía de la justicia.

En vísperas de la tragedia de Iguala los políticos que gozan (o gozaban) de los mejores niveles de popularidad en el Estado de Guerrero, se enfrascaron en una pedestre conversación vía twitter a través de toscos y descalificadores mensajes; pasando por alto por una parte el dolor de las familias que sufren día con día de la violencia y que ayunan de justicia, y por otra a los pobladores del Estado que vivimos en vilo, que no sabemos si el día de mañana seremos víctimas del crimen, que respiramos zozobra al sabernos expuestos a un eventual fuego cruzado. A todos nos faltaron al respeto. 

Según Gandhi la paz no es el fin, es el camino pero, para el Gobernador pareciera ser solo discurso, al confrontar a quién no sabemos si sigue siendo Senador por Guerrero o Constituyente de la recién nominada Ciudad de México, hizo de su bandera un sofisma y partió en tres al Estado que debería unir. #TeamAstudillo pareciera llevar las de ganar por contar con muchos seguidores, pues la afinidad política en Guerrero casi siempre se supedita a la supremacía; al contrario de #TeamJaguar que inversamente proporcional al tiempo y a la distancia fuera del Estado que lo hizo Senador, ha ido perdiendo adeptos*; #TeamGuerrero gana perdiendo, al sufrir un socavón de clase política digna se posiciona con el que más ciudadanos hartos de oler excremento y no hacer gestos registra. Poco a poco somos más los que estamos hartos de estar supeditados al contentillo de políticos sin calidad moral para dar clases de integridad, quienes han compartido plato y hasta cuchara con criminales, me atrevería a decir a reserva de las consecuencias, de todos los tipos. 

Hay una canción también poco conocida canción que se llama Día Negro y de alguna manera ilustra sonoramente la situación que se vive en Guerrero con eso de la elección de posiciones políticas y quizá no en función de la condición del sistema económico imperante, sino más bien desde la perspectiva de nuestra democracia inacabada dirigida por un Tiburón con poder y respaldada por gatilleros sin riesgos y miles de personas dispuestas a morder por no perder su empleo.

“ Un tiburón con poder 
y un gatillero sin riesgos 
alguien dispuesto a morder 
por no perder su empleo…”


Día Negro - La Barranca.

Hablar de juventud

La tercera parte de la población en México es joven, somos un país que cuenta con un bono demográfico significativo. Esto quiere decir que tenemos recursos humanos de último modelo, personas jóvenes que pueden representar un aditivo productivo para la industria nacional. Sin embargo las cifras son más que desoladoras, la población joven de México está desempleada; somos el sector poblacional con menor índice de ocupación, quienes lo están en su mayoría lo hacen desde la informalidad pues es esta la que paga mejor a la gente joven.

México es una huerta de mano de obra sin cosechar, como cualquier huerta frutal cuando la fruta madura se cae, después si nadie la toma pues se pudre y se la traga la tierra. Llevemos esta referencia gótica-bucólica al contexto; alrededor de 52 personas pierden la vida a diario a causa de un acto violento, y son estos homicidios dolosos la principal causa de mortalidad en gente joven, el INEGI registró más de 10 mil el año pasado. Por otra parte, el activo más importante para México no está siendo aprovechado por la economía de manera formal, ilegal y en muchos casos ni siquiera voluntaria. 

El narcotráfico y los grupos del crimen organizado han emprendido una leva con este sector poblacional, siendo los jóvenes en condiciones precarias, ya sea económicas o sociales, objeto de este reclutamiento. Esto convierte a la juventud de México en víctimas, tanto en que como victimarios son producto de un sistema adulterado.

No todo pinta mal si se hace algo ya, México superará las presiones del envejecimiento mundial debido a su configuración demográfica. En un análisis de prospectiva económica, los que saben aseguran que por lo menos quedan 40 años más de bono demográfico.

Seguirá siendo la población joven el motor de esta economía; ojalá que ese motor no siga detenido, oxidandose.

Somos la primer generación que enseña a sus ascendientes, que revolucionó la economía mundial en menos de una década, que tiene más posibilidades de movilidad pero menos probabilidades de hacerlo. Si bien los ejemplos de emprendimiento exitoso son bastos, no todo el país cuenta con las condiciones para desarrollarse; no se debe de renunciar a la idea de que el Estado debe de proveer las condiciones mínimas para crecer por lo menos con dignidad. Necesitamos paz, seguridad, oportunidades para poder plasmar nuestras ideas; centros de desarrollo tecnológico, fomento al capital social y al asociacionismo juvenil; educación pública de calidad e incentivos para continuar con la educación básica, y no ser tentados por estímulos del crimen organizado que a la postre te harán correr la suerte de la fruta no cosechada.

Por definición biológica las y los jóvenes seguiremos soñando, creando, irrumpiendo e innovando. Y aunque es en estos últimos años cuando se ha visibilizado de manera más nítida este sector poblacional, debe de ser menester de la sociedad siempre hablar de juventud.

El culto al caos

El proceso de socialización del individuo determina su identidad en la etapa adulta, durante la niñez y la adolescencia se adquiere una fuerte carga de valores y principios que acompañan de por vida. La solidaridad, la pertenencia y la justicia se enseñan tanto como el egoísmo, la indiferencia y la violencia. “Los niños aprenden rápido, son como esponjitas” una común expresión y cierta a medias; puesto que aprenden de sus figuras de autoridad y con quién sostienen empatía. El más claro ejemplo es la vestimenta, los cortes de pelo e incluso la manera de hablar; estos símbolos son difundidos masivamente a través de los ungidos héroes mediáticos, y quizá no tendríamos nada que temer si todos quisieran un corte como el de Cristiano Ronaldo o unos pantalones como los de Justin Bieber, pero qué pasa cuando quieren emular al líder de la pandilla del barrio o actuar lo más parecido posible a algún criminal. Acudí a una plática con el periodista Andrés Oppenheimer e hizo este postulado “Si los niños quieren ser como Chicharito, tendremos estadísticamente algún Chicharito; si admiran a Steve Jobs, eventualmente surgirá un nuevo Steve Jobs”; sin embargo creo que se quedó corto y le faltó: si nuestra juventud admira al Chapo Guzmán…


Las construcciones culturales en parte son producto de los estímulos del medio donde se desarrolla la persona, peligrosamente en México la cultura de la violencia y el arribismo prevalece sobre la del emprendimiento, la solidaridad y la paz. Un claro ejemplo es la motivación de algunas personas para ingresar a la política activa, los más hablan de hacerse ricos rápidamente, tener poder e influencia, y los menos de transformar el entorno. Esta última afirmación se confirma al partir de lo que vemos, leemos y escuchamos; fulanito ya estrenó coche, menganito opera un negocio sin regulaciones, sultanito entró y salió de la cárcel sin problemas. La indiferencia a la impunidad también se hereda, “Al fin no les hacen nada”.

¿Y luego, me pongo a llorar? ¡NO!, lo que nos corresponde es promover los valores y la cultura que queremos que prevalezca, si bien los cambios no se hacen de la noche a la mañana, muchos países han transformado su visión hacia sus expectativas de vida; que los fines últimos de una carrera profesional, un oficio o un emprendimiento no sean una cuenta en Panamá, más bien una vida tranquila en un barrio seguro, con oportunidades de futuro para las próximas generaciones y la certeza de que el Gobierno ni siquiera debería de ser una opción laboral pues no es sinónimo de opulencia. 


El amor a la comunidad se enseña a través del ejemplo, quizá debamos de dejar de lado la cultura del odio y la amargura, y comenzar a promover la cultura de la solidaridad. Privilegiar el culto al Progreso y olvidarnos del Culto al caos. 

Tiempos violentos II: ¿Qué hace falta para despertar?

La administración de los recursos y la dominación territorial han sido históricamente objeto de discordia y motor de cambio; si bien la democracia supone la conciliación de los intereses contrapuestos a través de la justicia y la paz, en los Estados democráticos contemporáneos no siempre prevalece el Estado de Derecho; prevalecen los Gobiernos como meros administradores de algunas funciones públicas; en muchos lugares solo contemplan las relaciones de sometimiento y violencia, cuando no están ausentes.

De manera degenerativa las posturas contrapuestas en el espacio público han trascendido de la dimensión tradicional de competencia política y mercado libre, hacía una prehistórica lucha territorial, de control de los recursos y de dominación. La adulteración del Estado y la atomización de las organizaciones del crimen organizado, han generado nichos de ingobernabilidad y cruentos episodios sostenidos de violencia. Aunque estas afirmaciones parecieran postulados a nivel macro, es imposible voltear la vista a lugares como el Estado de Guerrero, dónde esta condición de atrofia sistémica afecta la cotidianidad de quienes vivimos aquí.


Tras el último acto de violencia política suscitado en la región de la Tierra Caliente, se confirma la falta de voluntad política de todas y todos quienes ostentan un cargo público; quienes se han curado en salud y lavado las manos, quienes se han puesto a repartir culpas y sacar raja política de la desgracia, quienes (des)gobiernan a la distancia y desde las francachelas. Todos ven la paja en el ojo ajeno. 

¿Es mucho pedir una concertación política por la entidad? Un acto de autoayuda, que por 5 minutos dejen de pensar en la lucha del poder por el poder y se conviertan en verdaderos estadistas, que sin miedo se haga un declaratoria de emergencia de lo que se vive no solo en Guerrero, sino en muchas partes del país. Para estos tiempos violentos se necesita un plan emergente de pacificación, con perspectiva social y humana; programas radicales de empleo y autoempleo, de incentivos a los servidores públicos, de tolerancia cero a la corrupción, de educación plena y con infraestructura digna, que se promueva la cultura de la paz y la fraternidad.  La solución es evidente ¿Qué hace falta para despertar?


El oficio de la simulación como herramienta política.

La revolución de los medios masivos de comunicación ha traído consigo nuevas maneras de entender la comunicación, si bien Sartori en el Homo Videns señala que la televisión ha atrofiado la capacidad de abstracción de quien se somete a su permanente consumo, lo cierto es que la información cada vez es más económica. Y no solo el contenido audiovisual, incluso los contenidos escritos tienen un nivel de resumen que resulta incisivo y pretencioso por sí mismo; internet es un mercado de satisfactores de las necesidades de información.

Esta forma de concebir el mundo de la información se ha trasladado a la política, escuchamos lo que nuestra pasión o decepción nos permite escuchar. Hemos creado un modelo de político sacado de una historieta animada: que regala despensas, abraza ancianos y niños, siembra árboles, etc.; y entre más forzado parezca en el intento de realizar una actividad para humanizarlo, más político parece. Luego, los aspirantes a políticos comienzan su carrera con la suplantación de los servicios públicos obligación del Estado (aquí todos brincan y dicen que no te cuesta nada, pero) servicios que le cuestan al contribuyente y el solapamiento de la inactividad del aparato gubernamental, también es corrupción. Hablando del empobrecimiento de la figura del Político también podemos hacer referencia a su discurso que varía en el tiempo y el espacio, en la posición o cargo público, y depende fundamentalmente del ánimo de los electores; no es pues una consigna personal, principios o creencias propias, es un actor más en el mercado político. Expresiones como “ya hablas como político” se han consagrado en el discurso cotidiano, y más menos significa: decir mucho y no decir nada, y es que las posiciones políticas en México tampoco se diferencian tanto, los temas políticos que se discuten se centran en cuestiones de intereses personales o de grupo, nunca bajo principios específicos de partido o de concepción ideológica.

En el largo y tortuoso camino de la consolidación de la democracia o incluso siendo ambicioso de la cualificación de la propia, se hace necesario interesarse en política no solo para no generar cheques en blanco al votar a un representante, también para obligar a los políticos y a los aspirantes a políticos a que eleven el nivel de discurso. A que se discuten temas trascendentales en función de afinidad axiológica y no como respuesta a intereses particulares; no permitir que nuestros legisladores voten o dejen de votar algo por cuestiones de estímulos económicos por los grupos de interés, el famosísimo maíz.


¿Qué hacer? ¡Participar!. El desprestigio del intereses de la agenda pública ha llegado a llamar a quienes discuten acerca de esta pasajeros del tren del mame, con las obvias reservas de la necesaria prelación de los temas importantes y no importantes. Para esto es necesario desarrollar la capacidad de abstracción, mantener un nivel de regular de información sobre la actualidad y del propio sistema político. Esto no quiere decir que se deba de dedicar uno de tiempo completo a la política, pero lo menos sería lo mencionado. Digamos que estos elementos mínimos de ciudadanía son los anticuerpos o las defensas contra la enfermedad sistémica, los discursos faltos de fondo, los políticos piratas, la política oscura y sobre todo del virus de la simulación como herramienta política.

Tiempos violentos

"¿Qué es México? Los norteamericanos comúnmente llaman a México <Nuestra República Hermana>. La mayoría de nosotros la describimos vagamente como una república muy parecida a la nuestra, habitada por gente un poco diferentes en temperamento, un poco más pobre y un poco menos adelantada, pero que disfruta de la protección de leyes republicanas: un pueblo libre en el sentido en que nosotros somos libres." Así comienza John Kenneth Turner su relato México Bárbaro (1910) dónde describe las condiciones de vida del México pre revolucionario; donde en pocas palabras define la condición del pueblo mexicano frente a su gobierno. Más de cien años después, no hace falta ser extranjero o periodista para darnos cuenta que seguimos teniendo el mismo temperamento, seguimos siendo pobres, poco adelantados y de algún modo libres.

Y es que hace falta solo un poco de amor propio para no aceptar que las condiciones de marginación son intrínsecas a la genética nacional; la persona con el mínimo de auto estima se negaría a pensar que el atraso y la pobreza que se vive en México son insuperables, que debemos asumir  el rezago como un rasgo y no como una crisis. Sin embargo, la postergación de la revolución mexicana se convirtió en una suerte de letargo permanente, en una expectativa barata y duradera; vivimos esperanzados en el cambio, yo apenas llevo un cuarto de siglo y desde que tengo memoria toda la oferta política habla del cambio, de lo nuevo, de lo que viene, etc., y todo sigue igual o peor.

De lo malo lo bueno, y es que tenemos la cualidad de sumar ante la adversidad y sonreír por sobre la desgracia; ¿a poco no hemos donado alguna vez a una causa benéfica, no hemos escrito amén, dado like o reenviado una cadena de oración en una red social? incluso algunos hemos acudido a un llamado de donadores de sangre al hospital. Sin embargo, la lógica de cooperación que prevalece es la de la emergencia; nos es sumamente difícil resolver problemas de fondo, evadimos los cambios estructurales pero respondemos bien a las crisis inmediatas que nos son perceptibles; con esto quiero decir que la crisis sistémica se vive pero es complicado observarla. No tiene culpa alguna la persona que trabaja casi medio día, que viaja una hora de ida  y otra de vuelta a casa o más; de no percibir los grandes problemas estructurales, mientras los sufre como nadie. Por los demás, estamos obligados moralmente a reflexionar acerca de los asuntos públicos, montarnos a la ola de la participación ciudadana, subirnos al tren del mame del activismo desde cual sea que sea nuestra posición política; la construcción de un mundo mejor se hace a través de la confrontación de las ideas sobre la arena democrática del diálogo y la libre manifestación de estas.

Los menos interesados en la política somos las juventudes como sector demográfico, y es que quizá somos la primer generación que se da cuenta de lo que el siciliano Giuseppe Tomasi llamo el Gattopardo y que en política se emplea como gatopardismo que consiste en cambiar algo para que no cambie nada; es decir, políticas de cambio generacional que solo alientan y no expanden los espacios de participación, reformas pretenciosas que lejos de adelantar al país profundizan las desigualdades, lemas cercanos y campañas digitales que siguen prometiendo y no cumpliendo. Entiendo el desinterés al que yo llamaría postergación, pues en el orden de prelación antes de participar en política seguro que se pretende tener una forma digna y segura de vivir, y vaya que eso si es complicado en estos tiempos violentos.