Hablar de juventud

La tercera parte de la población en México es joven, somos un país que cuenta con un bono demográfico significativo. Esto quiere decir que tenemos recursos humanos de último modelo, personas jóvenes que pueden representar un aditivo productivo para la industria nacional. Sin embargo las cifras son más que desoladoras, la población joven de México está desempleada; somos el sector poblacional con menor índice de ocupación, quienes lo están en su mayoría lo hacen desde la informalidad pues es esta la que paga mejor a la gente joven.

México es una huerta de mano de obra sin cosechar, como cualquier huerta frutal cuando la fruta madura se cae, después si nadie la toma pues se pudre y se la traga la tierra. Llevemos esta referencia gótica-bucólica al contexto; alrededor de 52 personas pierden la vida a diario a causa de un acto violento, y son estos homicidios dolosos la principal causa de mortalidad en gente joven, el INEGI registró más de 10 mil el año pasado. Por otra parte, el activo más importante para México no está siendo aprovechado por la economía de manera formal, ilegal y en muchos casos ni siquiera voluntaria. 

El narcotráfico y los grupos del crimen organizado han emprendido una leva con este sector poblacional, siendo los jóvenes en condiciones precarias, ya sea económicas o sociales, objeto de este reclutamiento. Esto convierte a la juventud de México en víctimas, tanto en que como victimarios son producto de un sistema adulterado.

No todo pinta mal si se hace algo ya, México superará las presiones del envejecimiento mundial debido a su configuración demográfica. En un análisis de prospectiva económica, los que saben aseguran que por lo menos quedan 40 años más de bono demográfico.

Seguirá siendo la población joven el motor de esta economía; ojalá que ese motor no siga detenido, oxidandose.

Somos la primer generación que enseña a sus ascendientes, que revolucionó la economía mundial en menos de una década, que tiene más posibilidades de movilidad pero menos probabilidades de hacerlo. Si bien los ejemplos de emprendimiento exitoso son bastos, no todo el país cuenta con las condiciones para desarrollarse; no se debe de renunciar a la idea de que el Estado debe de proveer las condiciones mínimas para crecer por lo menos con dignidad. Necesitamos paz, seguridad, oportunidades para poder plasmar nuestras ideas; centros de desarrollo tecnológico, fomento al capital social y al asociacionismo juvenil; educación pública de calidad e incentivos para continuar con la educación básica, y no ser tentados por estímulos del crimen organizado que a la postre te harán correr la suerte de la fruta no cosechada.

Por definición biológica las y los jóvenes seguiremos soñando, creando, irrumpiendo e innovando. Y aunque es en estos últimos años cuando se ha visibilizado de manera más nítida este sector poblacional, debe de ser menester de la sociedad siempre hablar de juventud.

El culto al caos

El proceso de socialización del individuo determina su identidad en la etapa adulta, durante la niñez y la adolescencia se adquiere una fuerte carga de valores y principios que acompañan de por vida. La solidaridad, la pertenencia y la justicia se enseñan tanto como el egoísmo, la indiferencia y la violencia. “Los niños aprenden rápido, son como esponjitas” una común expresión y cierta a medias; puesto que aprenden de sus figuras de autoridad y con quién sostienen empatía. El más claro ejemplo es la vestimenta, los cortes de pelo e incluso la manera de hablar; estos símbolos son difundidos masivamente a través de los ungidos héroes mediáticos, y quizá no tendríamos nada que temer si todos quisieran un corte como el de Cristiano Ronaldo o unos pantalones como los de Justin Bieber, pero qué pasa cuando quieren emular al líder de la pandilla del barrio o actuar lo más parecido posible a algún criminal. Acudí a una plática con el periodista Andrés Oppenheimer e hizo este postulado “Si los niños quieren ser como Chicharito, tendremos estadísticamente algún Chicharito; si admiran a Steve Jobs, eventualmente surgirá un nuevo Steve Jobs”; sin embargo creo que se quedó corto y le faltó: si nuestra juventud admira al Chapo Guzmán…


Las construcciones culturales en parte son producto de los estímulos del medio donde se desarrolla la persona, peligrosamente en México la cultura de la violencia y el arribismo prevalece sobre la del emprendimiento, la solidaridad y la paz. Un claro ejemplo es la motivación de algunas personas para ingresar a la política activa, los más hablan de hacerse ricos rápidamente, tener poder e influencia, y los menos de transformar el entorno. Esta última afirmación se confirma al partir de lo que vemos, leemos y escuchamos; fulanito ya estrenó coche, menganito opera un negocio sin regulaciones, sultanito entró y salió de la cárcel sin problemas. La indiferencia a la impunidad también se hereda, “Al fin no les hacen nada”.

¿Y luego, me pongo a llorar? ¡NO!, lo que nos corresponde es promover los valores y la cultura que queremos que prevalezca, si bien los cambios no se hacen de la noche a la mañana, muchos países han transformado su visión hacia sus expectativas de vida; que los fines últimos de una carrera profesional, un oficio o un emprendimiento no sean una cuenta en Panamá, más bien una vida tranquila en un barrio seguro, con oportunidades de futuro para las próximas generaciones y la certeza de que el Gobierno ni siquiera debería de ser una opción laboral pues no es sinónimo de opulencia. 


El amor a la comunidad se enseña a través del ejemplo, quizá debamos de dejar de lado la cultura del odio y la amargura, y comenzar a promover la cultura de la solidaridad. Privilegiar el culto al Progreso y olvidarnos del Culto al caos.