No hemos sido capaces de poner en la dimensión que corresponde la visita de Malala Yousafzai a México, seguimos extrañándonos de regímenes autoritarios y de regiones del mundo donde resulta difícil llevar el día a día; vemos las injusticias lejanas y pensamos que solo a tantos kilómetros de distancia la gente lo debe de estar pasando muy mal.
El mensaje al final está implícito en la visita y en la trayectoria de la ganadora del Nobel de la Paz; más educación, respeto y oportunidades para niñas y mujeres, levantar la voz y ponerse manos a la obra. Pero es este hecho el que más nos debería de preocupar ¿hace falta que venga alguien a hablarnos de lo evidente? quizá si en el sentido de la autoridad moral.
Lo preocupante de este encuentro cultural con Malala es que lo que aboga no figura en la agenda política del país (no me refiero a los movimientos, colectivos y activistas que si los trabajan), “las y los políticos” mexicanos tienen otras prioridades en mente. Esta conocida suerte de doble moral política es la paradoja más penosa del país, no se si Yousafzai lo sepa que no tendría por que pero, existe una situación crítica de violencia de género en México, y tampoco es por quemar pueblos pero, en la entidad del Presidente se viola sistemáticamente el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.
Solo queda agradecerle por venir a desempolvar el debate del activismo ciudadano, a dignificar aunque sea un poco la labor de la abogacía social; los que tienen puestisimas ya las camisetas de la próxima contienda electoral poca importancia le darán a la transformación real del país y seguirán enfrascados en su política rancia. Y sin temor a equivocarme puedo apostar que esos mismos que se estampan los colores de su partido en la frente, hubieran preferido llenar una plaza con el novel de la misoginia que escuchar un recital de penosas verdades de la Nobel de la Paz. Su política nunca será de altura por más números que le incluyan, si no hay perspectiva social su política será más de lo mismo, el poder por el poder.
Gracias Malala por mostrarnos que todos podemos hacer la diferencia a través de pequeñas acciones, que cualquier niña o niño tiene las mismas oportunidades que tú porque también se viven situaciones adversas, gracias por aunque sea unos momentos preferir escuchar más Malalas y menos Malumas.