No se puede tapar el sol con un dedo, tampoco vender gato por liebre; cuando está a la vista la evolución y el crecimiento de la Universidad Autónoma de Guerrero se debe de reconocer, aunque a muchos no nos guste tanto su estilo, a Javier Saldaña Almazán.
No soy experto en análisis de la conducta, pero percibo a un hombre extrovertido y con gusto por la exposición a la vista pública; con capacidad de cohesión y con un muy alto nivel de negociación; que camina sobre senderos planeados y escala progresivamente sus estrategias políticas; un líder que redistribuye el poder y que, aunque siempre a su sombra, permite el crecimiento de otros nichos de autoridad.
Sea quien sea Javier Saldaña, la reelección permite no votar por la persona, abre la posibilidad de votar por su trabajo y por sus resultados. Si bien hay vicios viejos y viejos viciosos aún en la UAGro, los cambios son visibles, muy visibles ¿o qué, no se ve bonita bien pintada? Lejos de la estética física, se ha crecido en muchos aspectos; yo que he estudiado durante 10 años en esta Universidad, puedo decir que antes era impensable una beca de movilidad, que los profesores con posgrado eran pocos e inalcanzables, las instalaciones eran indignas e incómodas, que la posibilidad de competir con otras escuelas era nula.
No conozco los números exactos del desarrollo de programas certificados, de nueva creación o de profesores en el sistema nacional de investigadores, pero sé que ha crecido. No sé si la identidad que se ha construido a fuerza de pico y redes sociales sea suficiente, pero yo siento afecto ya al azul y el rojo; me emociona escuchar de las Águilas como cuando me tocó defender la camiseta en otras disciplinas, somos parte ya de una comunidad.
Siempre he entendido poco de las corrientes internas, de sus pleitos y sus reconciliaciones, de sus viejas glorias y nuevas cuitas; pero me queda claro que se están diluyendo, que los líderes ya quieren descansar, que aunque les preocupa el legado y sus relevos generacionales, lo importante para ellos es salir lo menos raspados y con una impronta en la historia de su paso por la UAGro.
Cómo en todas las democracias, hay que participar no solo en los procesos electorales, hay también que involucrarse en la vida orgánica y las grandes transformaciones del régimen; si bien el nuevo marco jurídico es muy estrecho, no es imposible, y suena infantil culpar a alguien por no encontrar los requisitos para participar en la contienda.
Si bien la participación política es necesaria, es más necesaria la participación académica; los buenos resultados, el asistir a clases, el producir conocimiento, desarrollar actividades artísticas y culturales, generar opinión pública y posicionarse ante los hechos políticos que afectan a la población. La forma adecuada de sumar al proyecto del candidato único no es andar con el tambor y la bandera detrás de él, es estar en el aula aprendiendo, en foros discutiendo, en la vida académica, en la representación de la universidad, en sus oficinas trabajando, y en las calles llevando el conocimiento a la práctica, siempre retribuyendo a la comunidad la posibilidad de permitirnos estudiar en una Universidad Pública de Calidad. Esa es la mejor manera de apoyar a Javier Saldaña Almazán.

