Comenzó el proceso para elegir al próximo Rector de la Universidad, en un hecho histórico el Honorable Consejo Universitario reformó la legislación Universitaria e incluyó la posibilidad de reelección inmediata al cargo de rector; esta disposición abrió el debate que hasta hoy en día representa un taboo político en los países de América latina. Ante esto vale la pena preguntarnos si es tan mala la reelección como la pintan.
Entre las disertaciones políticas contemporáneas existe una suerte de doble estándar, en los países de primer mundo la reelección es un hecho consumado y hasta una casi necesaria tradición para darle continuidad a los proyectos políticos; sin embargo, para los regímenes democráticos latinoamericanos ha significado una caja de Pandora abrir el debate de la reelección.
Tratar de hacer una analogía de la administración de la universidad con los regímenes presidencialistas de Latinoamérica o con los consolidados regímenes democráticos de primer mundo puede que sea un esfuerzo en vano. La naturaleza de la universidad es, y está por demás decirlo, sui generis.
La dinámica interna con una clase política perpetua y un electorado cíclico, parece más una novela utópica de San Agustín o de Tomas Moro. La distribución geográfica margina grupos y reduce niveles de representación de algunas regiones debido al poco electorado que significan. La logística del proceso limita el contacto directo y las redes de apoyo, la composición de las corrientes internas y su relación con los partidos políticos externos es algo bizarra, y la isonomía en la ponderación del voto entre académicos y estudiantes es digna de una reverencia de Clístenes.
Para los teóricos que defienden la reelección, es en todos los casos un medio de evaluación al desempeño. Es también la posibilidad de darle continuidad a los proyecto emprendidos en el primer periodo, sin necesidad de proponer la ampliación del periodo. Si fijamos una administración en una curva, podríamos decir que entre mayor longitud del periodo existe una posibilidad de que la amplitud de crecimiento, en caso de que creciera sostenidamente, tuviera mejor resultados, esto debido a la necesidad de refrendar el apoyo del electorado.
En cuanto a los apoyos políticos, frenaría la atomización de los grupos y los concentraría en un solo esfuerzo, no absoluto, pues en el segundo periodo correría el destino del Lame Duck cómo le llaman al periodo de finalización sin posibilidad de reelección, donde la figura de mando se desgasta y se abren las posibilidades de los proyectos de alternancia.
En suma este ejercicio democrático propone no tenerle miedo a nuevos dispositivos de gobierno, invita a involucrarse en el proceso para convertir el modelo de gobierno universitario en un paradigma digno y adaptable a las instituciones autónomas. Pasando por la Guillotina de Hume el discurso sobre la reelección, debemos de prevenir las condiciones del entorno político interno de la Universidad; abonar en la contraloría del proceso desde la posición de constituents universitarios; e invitar a reducir la malas prácticas, desde la mesura financiera hasta las precauciones del propio proceso. Con esto podemos y con el tiempo podremos contestar con más certeza la pregunta ¿Reelección en la UAGro, buena o mala?.

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