Durante un viaje que hice a Minneapolis conocí a Claudia Fuentes, funcionaria del servicio de transporte local quien me hospedo en su casa a través del Couchsurfing. Me platicaba de la filosofía del gobierno de la ciudad, la cual en épocas Trumpescas me pareció genial: "No importa dónde vivas, cuanto ganes o de que raza seas; todos los ciudadanos tienen derecho a un transporte digno". Me impactó en el sentido de que damos por hecho que la condición geográfica-social de tu vivienda determina la accesibilidad no solo a los servicios de transporte, si no también a todos los servicios públicos en general.
Revisando unos marcadores que guardé debido al proyecto que tenemos con Ciudad Bravo sobre el documental conjunto con un colectivo de Medellín, Colombia; me encontré con la cartografía cultural de la ciudad, la cual ha transformado la dinámica social a través de políticas públicas orientadas al desarrollo urbano social reduciendo en casi un 90% los homicidios en la localidad.

El urbanismo social ha sido la estrategia implementada por la Ciudad de Medellín para sobreponerse a la violencia y las desigualdades que azotaban la región. Esta localidad del Valle de Aburrá, era conocida por su pasado ligado con el crimen y los conflictos armados; sufrió los embates de la época más cruda del narco-terrorismo colombiano y fué creciendo arbitrariamente sobre laderas y barrancas generando confines residenciales marginados. Después de mucho trabajo y de un plan de desarrollado enfocado a la sustentabilidad, la cultura y integración comunitaria; ha logrado disminuir los homicidios dolosos hasta en un 80%. Con un sistema de Parques-Bibliotecas, Centros Culturales, Escuelas y Servicios de Transporte Incluyentes, han logrado generar que disminuya la violencia no solo en Medellín, si no también en toda la región circunvecina del Departamento de Antioquia. 

En su justa dimensión creo que en Guerrero podríamos echar mano de estas experiencias exitosas y comenzar a invertir más en infraestructura resiliente con perspectiva social. Lo que necesitamos es comenzar a desarrollar nuestras ciudades a través de la movilidad urbana sustentable, la educación de calidad y la integración comunitaria; hacer de las ciudades grandes vecindarios orgánicos progresivos con un sistema de autogestión, pensar que las ciudades más desarrolladas no son las que tienen los edificios más altos o las autopistas más rápidas, el desarrollo en el siglo XXI está relacionado más con la armonía social, la integración, la equidad y la accesibilidad a los servicios públicos básicos de calidad.
Las ciudades necesitan estar conectadas, integradas e ilustradas. Contar con vías de comunicación funcionales, con espacios públicos que permitan establecer vínculos vecinales y con núcleos irradiadores de cultura y educación. Quien invierte en educación no se equivoca.


En su justa dimensión creo que en Guerrero podríamos echar mano de estas experiencias exitosas y comenzar a invertir más en infraestructura resiliente con perspectiva social. Lo que necesitamos es comenzar a desarrollar nuestras ciudades a través de la movilidad urbana sustentable, la educación de calidad y la integración comunitaria; hacer de las ciudades grandes vecindarios orgánicos progresivos con un sistema de autogestión, pensar que las ciudades más desarrolladas no son las que tienen los edificios más altos o las autopistas más rápidas, el desarrollo en el siglo XXI está relacionado más con la armonía social, la integración, la equidad y la accesibilidad a los servicios públicos básicos de calidad.

Las ciudades necesitan estar conectadas, integradas e ilustradas. Contar con vías de comunicación funcionales, con espacios públicos que permitan establecer vínculos vecinales y con núcleos irradiadores de cultura y educación. Quien invierte en educación no se equivoca.





