Hace unas semanas se celebró el Parlamento Juvenil del Estado de Guerrero, el segundo del tipo que conozco en la entidad. Todos saben qué es un parlamento (juvenil), o tienen una noción primaria de lo que debería ser; se llega entacuchado, se ocupa el lugar de un legislador, se escuchan multitonales disertaciones, se toman increíbles fotografías y te llevas a casa un par de raspones políticos acompañados de un ramillete de nuevos y entrañables amigos y amigas. Si, déjenme decirles que pasa todo eso y es chidisimo pero pasan muchas cosas más.
Existe una fórmula infalible para generar un inercia transformadora, hasta inflamable; la cual es reunir voces jóvenes con convicciones firmes e interés en la participación política. La mejor analogía la aprendí de un parlamentarista, y es que estas reuniones son como un acelerador de partículas, que de lo que me enteré es que este dispositivo acelera las partículas y la propia interacción de estas permite vislumbrar nuevos elementos de análisis; así un parlamento juvenil, permite el desenvolvimiento de experiencias locales y su relación con otras expresiones permite descubrir coincidencias o diferencias que hacen posible encontrar soluciones comunes a los problemas compartidos. Así, este ejercicio suma a la construcción de la democracia; la participación política no termina, ni comienza en las urnas electorales; es a través de estas plataformas políticas donde se manifiesta el estado más puro de la democracia, en el debate y la construcción de acuerdos.
Se discutieron los temas tradicionales, los que se han hecho la necesidades más sentidas generación tras generación en México: empleo, educación, salud. También se visibilizaron otras vindicaciones de carácter étnico como el reconocimiento a los pueblos Afromexicanos; del entorno, como el desarrollo sostenible y la necesidad de una vida libre de violencia; políticos, como la inclusión en espacios de toma de decisiones, representación política y la transparentación de los procesos de formulación y evaluación de políticas públicas; y, parte del desarrollo integral de la juventud como el esparcimiento y el deporte. Me sorprendió la profundidad con que cada quien abordaba su tema y la garra con la que los defendían, pero sobre todo me sorprendió que nadie postuló demandas particulares ni de grupo, cuál isla de Nunca Jamás todos vieron por todos, se integró de múltiples voces un eco único, un llamado generacional.
Sin embargo, aunque de manera implícita era inevitable aventar un laminazo a los gobiernos, Foucault tuvo la razón en una de sus tesis acerca del Tabú del objeto, del ritual de la circunstancia, y del derecho exclusivo o privilegiado del sujeto que habla, en las prohibiciones del discurso ahí en las arenas movedizas que nadie quiere caer pero todos tenemos estamos hasta las rodillas, que a veces sirven para bien, pero la mayoría limitan el contenido y la intensidad del mensaje. Aunque no me gustaría que este pedacito de tiempo gastarán en una de mis cantinflescas explicaciones conceptuales, si quisiera que pusiéramos atención en cómo se cohibe la palabra, de lo que se puede y no se puede hablar, en dónde se puede hablar qué, y quiénes están autorizados para decir qué cosa. Es decir, en este ejercicio de parlamentarismo, algunas y algunos participantes se pusieron en los zapatos de los políticos viejos y repararon en señalar y apuntar que muchos de los problemas y necesidades que demandamos son obra de quienes ostentan el poder.
Estoy contento por todo, porque es posible concentrar los esfuerzos de muchas personas en actividades sanadoras para la crisis que vive nuestro país, me hubiera encantado que las demandas centrales fueran titulares de la prensa, y no las fotos parte del álbum de la vanidad de las instituciones. Me encantaría que los participantes y quienes no pudieron participar, todo el año hicieran activismo sin miedo a ser chairitizado, aunque sea a ser revolucionarios de facebook, pero que hagan sonar su voz y sus ideas.
A manera de colofón me gustaría compartir parte del discurso de clausura que no pude dictar como Presidente, porque esclavos del tiempo.
“Es complicado manifestar las alegrías, pues es el sentimiento más puro
y sería osado usar palabras sencillas para expresar tan grandes sensaciones;
no puede haber fiesta más grande para un demócrata que una palestra abierta
y nutrida de las más sensatas voces; un pueblo con ciudadanos que participan
en sus asuntos públicos debe de estar orgulloso pues se encuentra avanzando
hacia la consolidación de la democracia (…) ante las adversidades que se nos
presentan día con día a las y los guerrerenses, hoy estamos dando una muestra
de valor civil y de compromiso; es fácil dejar pasar el tiempo para sanar una
herida pero es más sensato y honesto hacer algo por sanarla al momento, bien
y de buenas, y este día estamos abonando a sanar a nuestra entidad con convicción.
Gandhi decía que durante la tormenta los pájaros se ocultan, yo le agregaría que
otros se mojan porque no tienen donde ocultarse o se dejan mojar porque se dan
por vencidos; también decía que las águilas vuelan más alto que las nubes para
superar la tormenta, y creo que hoy somos todos y todas águilas que nos estamos
anteponiendo a la crisis de seguridad y gobernabilidad que vive no solo Guerrero
sino todo el país. Que hemos decidido abonar la construcción de un mejor lugar para
vivir y que tenemos la firme convicción de heredar a las futuras generaciones un
mundo en mejores condiciones de como lo encontramos.
Hoy gana Guerrero, las y los jóvenes le demostramos a la clase política que se
pueden construir acuerdos más allá de las diferencias políticas, que seguiremos
haciendo patria desde nuestras trincheras, que Guerrero es uno porque Guerrero
somos todos y todas.”
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