Tradicionalmente las y los jóvenes han sido utilizados como carne de cañón en campañas electorales, aquí presento algunas tareas que pueden ser una alternativa para las personas jóvenes interesadas en participar en política.
1. Idear
La base de una Campaña Política es el programa y la plataforma electoral, las ideas que ofrece el proyecto político al electorado; las personas jóvenes de alguna manera son un sector transversal de la población, pues en el ámbito de su desarrollo personal conviven con diferentes generaciones y esto hace posible entender las necesidades de diversos sectores. En el trabajo, la escuela, el barrio, el parque y en la propia familia; las y los jóvenes coexisten con un sin número de opiniones que le brindan las herramientas para plantear soluciones a los problemas que comparte la comunidad.
2. Planear
La naturaleza dinámica de este sector etario de la población le permite conocer no solo en el ámbito de la convivencia personal a las personas, sino que también hace posible la vinculación con su entorno de manera territorial; nadie conoce mejor los recovecos de su comunidad que una persona joven, los cuales tienen la posibilidad de mapear la composición geográfica de su entorno cual mapa de GTA, Zelda o Super Mario.
Otro elemento importante es la sincronía generacional, son las y los que hacen que la moda sea lo propio. Entonces qué mejor perspectiva que la de una persona joven para tener una campaña política adecuada en el tiempo y en el espacio.
3. Producir
La misma visión y los elementos subjetivos del sector poblacional dominante en el tiempo, permite que las personas jóvenes puedan ofrecer campañas vanguardistas, que los iconos del proyecto político no parezcan sacados de un adorno de fiesta infantil de foamy. Quienes le han apostado a mentes y manos jóvenes, han logrado campañas exitosas tanto en lo visual como en todos los elementos representativos de sus proyectos políticos.
4. Coordinar
El reto más grande quizá es el de asumir un liderazgo frente a generaciones más grandes, a nuestros antecesores les ha costado mucho trabajo aceptar que es nuestra generación quien ha invertido la jerarquía temporal. Somos la primer generación que instruye (por lo menos tecnológicamente) a su generación pasada, que creamos grupos de trabajo horizontales y que cambiamos la concepción del liderazgo tradicional impositivo a un liderazgo propositivo e incluyente.
5. Administrar
La especialización de las tareas en la política moderna ha creado nuevos espacios de responsabilidad, las reformas electorales enfocadas a la transparentación de los gastos de campañas y los nuevos medios de comunicación exigen habilidades propias de una generación formada en el ámbito de las competencias profesionales ampliadas, es decir, ya no basta con conocer de fiscalización y contabilidad, es necesario conocer las nuevas tecnologías: como fiscalizar la producción audiovisual, cómo se administra y cuanto cuesta el trabajo de los community managers o como se paga la publicidad en una red social, como se puede comunicar y coordinar un equipo de trabajo a través de whatsapp, hacer una encuesta grupal en telegram o llevar una videoconferencia en skype.
6. Representar
En el ámbito legal, los proyectos políticos y las candidaturas necesitan de un buró de representación legal, así como de una estructura electoral de representación distrital y geográfica; de personal capacitado en la materia para defender y en su caso denunciar actos que violenten la normativa jurídica. Cada vez más personas se preparan en estos temas desde temprana edad para apersonarse en nombre de su proyecto político y respaldar a las antiguas generaciones de juristas electorales.
7. Ser candidatos
Por supuesto la que conlleva más responsabilidad, el ser receptáculo de las voces y la voluntad de tu comunidad, la Constitución Mexicana señala que a partir de los 21 años las personas ya se pueden postular como candidatos a Diputados, a los 25 al Senado y después de los 30 al Gobierno de alguna entidad. La composición de la pirámide poblacional en México hace posible apreciar el bono demográfico con el que contamos, existe una gran población joven en el país, superior a cualquier otro rango etario. Esto hace posible pensar que México debería de ver reflejada su composición demográfica en los espacios de representación popular, ser un país donde sus gobernantes hablan el mismo lenguaje que la mayoría de su población.
A lo sumo, ninguna tarea en campaña es desdeñable, sin embargo, el potencial de las y los jóvenes de México está ocioso si no se les empodera a través de responsabilidades políticas reales.







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