¿Nos la metió doblada Cuarón?


El momento más esperado del año en la industria del cine nacional llegó, para esta fecha ya la mayoría de los interesados a podido deleitarse con cuadros, composiciones y una fotografía que seguro se volverán un clásico; así por separado, por encima de la obra completa.

La atención al detalle visual ha sido excepcional, nos ha transportado a la época con la ayuda del blanco y negro que aligeró la carga temporal. El ritmo de las secuencias se acopló con la armonía de la trama y tuvo los sobre saltos necesarios en los momentos justos.

La historia fue un retrato panorámico desde la óptica de un estrato particular, crítico pero de falsa magnanimidad; intencional o no, Cuarón cuenta una historia trillada a través de una excelsa técnica visual; por momentos el Síndrome de Stendhal se adueña de la paciencia, un par de paneos más vértigo que embelesamiento; se entiende así, por bonita más que por intrépida. Los tópicos naturales de la narrativa popular: clases, casas, causas y cosas de la ciudad; no invitan a la reflexión. El justo balance para no perder de vista la artesanía del nitrato de celulosa.

Hitchcock, Buñuel, Fellini; “Roma de Cuarón”. Luz y sombra. La sonorización no se logró, la interpretación de menos a más; ¿Una esplendorosa crítica al cine nacional? ¿Nos la metió doblada Cuarón?

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