Voto Cruzado: reconocimiento y castigo, pesos y contrapesos.

La política contemporánea es un reflejo de los fenómenos sobre los que se determina la dinámica de la interacción global. Fenómenos de apertura de grupos sociales o de contracción de identidades, es decir, podemos interactuar con una diversidad de pensamientos pero buscamos un modelo muy particular de afinidad. Esta tensión permanente entre la globalidad y las coincidencias intestinas, nos permite visibilizar territorialmente la falta de compatibilidad entre las aspiraciones generales y las necesidades específicas de cada región; esto abre la puerta a la posibilidad de buscar un programa político nacional que sea compatible con la instrumentación de una política local. 

La crisis de los partidos hace cada vez menos atractivas las formulas absolutas de su oferta de candidatos; en todos los institutos políticos coexisten como suerte de falso balance: los candidatos buenos con los malos, las cuotas políticas con los proyectos de base, el mérito con la improvisación. A priori convendría diferenciar los partidos locales de los nacionales, desprender del colectivo partidista nacional los grupos que subsisten en su vida orgánica local; esto obligaría a los proyectos locales a ofertar su cualidades sustantivas y no ser lastres de un proyecto nacional incluso hasta incompatible. 

El mercado político inter-elecciones, es una suerte de temporada de caza; varían los mecanismos de leva política que se aplican para crecer sus filas. Por una parte algunos motivan a sus grupos a través de elecciones internas, ofreciendo la traducción de sus reclutas en espacios de toma de desiciones, inaugurando una especie de guerras floridas al interior de su partido; otros, extienden toda una estructura de otorgamiento de identidad partidista a través de espacios simbólicos de representación, un gafete placebo que siembra pertenencia en el militante; los menos operan campañas austeras de afiliación tradicional.  

Por otra parte, existe la simpatía mas o menos estática y la afección coyuntural; aquellas personas que votan por proyectos y no por partidos, que votan por candidatos y se dejan influir poco por la imposición institucional. De manera regular son aquellos que no pertenecen a una estructura corporativa, quienes por una parte mantienen un voto racional y por otra sancionan el bajo rendimiento de un proyecto pasado, aunque también se pueden guiar por un sentido de empatía ya sea de grupo o personalísima con el o la candidata.

Una cultura política desarrollada tiene que ver con la capacidad de ejercer la ciudadanía con completa libertad y con rigor lógico. Con dibujar escenarios posibles y probables, que aunque la voluntad de la unidad mínima de la democracia parezca ínfima, se vote con prospectiva. Eso también tiene que ver con la creación de pesos y contra pesos, que aunque de manera artificial se construyan gobiernos diversos pero armónicos, se evite la avalancha política del famosísimo carro completo que se convierte en la neblina que genera opacidad dentro de los procesos políticos. Votar en absoluto por un proyecto: es abrir la puerta al totalitarismo, es menospreciar el mérito de otras opciones, es regalar espacios a quienes surfean sobre olas ajenas. 

En lo particular, en mi Municipio existe un proyecto colectivo que se ha nutrido de la voluntad de personas que incluso nunca habíamos coincidido, existe una necesidad de transformación que ha permitido que se posicione como la opción más viable; han sido más de 8 décadas que se le ha negado el paso a la alternancia, y no como fenómeno necesario del buen gobierno, sino como posibilidad de abrirle paso a la luz dentro de un institución tan cercana a la ciudadanía como lo es un Ayuntamiento. 

Por otra parte, a nivel nacional existe un fenómeno diferente; tras el mal paso de la alternancia, se ha generado el mismo nivel aspiracional de cambio, la voluntad de votar al cambio y cambiar como ciudadano es la energía que nutre el proyecto más disruptivo en términos de fondo y discurso. No es tanto el decir algo en contra del status quo, es más el decir lo que no esperan que digas.

En lo que más Mexicanos coincidimos es que votar al PRI es votar en contra de México, porque si algo nos han demostrado es que tienen muy poca voluntad de progreso. Y considero en mi singular punto de vista que con AMLO en la Presidencia de México, con Toño Gaspar en como Primer Edil de Chilpancingo y con los Candidatos de la Coalición por Guerrero al Frente, podremos materializar la esperanza de transformación que tanta falta no hace.



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