Nos están matando

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, México presenta una cifra de homicidios dolosos próxima a la de una zona de guerra. 20 de cada 100 mil habitantes son privados de la vida mediante un acto premeditado. El 33% de los homicidios dolosos ocurre a personas entre los 15 y 29 años de edad; el 56.7% de los homicidios de jóvenes ocurrió en cinco entidades: Chihuahua, Sinaloa, el Estado de México, Baja California y Guerrero.

Cada vez se hace menos posible negar el hecho de que México vive una crisis generacional de violencia; como en algún escrito he señalado, no solo son victimarios jóvenes en situaciones de riesgo y crimen, también las víctimas rondan el rango etario de la juventud. La adulteración del Estado de Derecho no permite visibilizar a los colectivos sociales más afectados por esta ola de violencia que ya no precisamente se cierne solo sobre sectores vulnerables o marginados económicamente; ahora la población en general está expuesta a sufrir los embates de la violencia criminal con el simple hecho de concurrir a la vía pública.



La juventud está expuesta, transitamos por un campo minado; ya era suficiente con los retos de la maduración, la sobreexposición al odio, a las aspiraciones materiales, a las aventuras enervantes y a los descubrimientos sexuales. Ahora tenemos que crecer bajo cubierto. Ya tenía bastante pendiente la cuesta arriba de un joven y no se diga de una, mexicanos; la degeneración de las oportunidades se une a la adulteración de la vida cotidiana, al miedo y a la desesperanza. Hagan algo autoridades, que nos están matando.




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